Augusto José
Ramón Pinochet Ugarte (* Valparaíso,
25
de noviembre de 1915
- Santiago del Cile 10 dicembre 2006),
militar
y político
chileno.
Fue gobernante de Chile entre 1973
y 1990,
mediante un golpe
de Estado que derrocó al gobierno de Salvador
Allende el 11
de septiembre de 1973, primero bajo el cargo de Presidente
de la Junta Militar de Gobierno (1973-1981),
al que se sumó el título de Jefe Supremo de la Nación el 27
de junio de 1974,
que le confería el poder
ejecutivo, cargo que se reemplazó el 16
de diciembre del mismo año por el de Presidente
de la República, y desde 1981 asumió el cargo de Presidente
bajo la Constitución
de 1980. Ejerció estos cargos en calidad de dictador,
conservando el de comandante en jefe del Ejército
desde 1973 hasta el 10
de marzo de 1998.
Biografía
Es hijo de Augusto
Pinochet Vera y Avelina
Ugarte Martínez. Realizó sus estudios en su ciudad natal,
primero en el Seminario San Rafael, luego en el Instituto Rafael
Ariztía de Quillota,
en el Colegio
de los Sagrados Corazones de Valparaíso y finalmente en la Escuela
Militar del Libertador Bernardo O'Higgins. Su ingreso a esta
institución no le fue fácil, fue rechazaron dos veces; la primera
por su corta edad y la segunda por no cumplir con los requisitos mínimos.
A pesar de no tener ancestros militares, su vocación lo llevó a
postular por tercera vez, siendo finalmente admitido e ingresando el
11
de marzo de 1933.
Contaba con 17 años.
El curso de su
ascendente carrera tuvo diferentes destinaciones. Como alférez
estuvo en Concepción,
y recién ascendido al grado de capitán, fue destinado a Iquique
por un período prolongado, durante el cual estuvo a cargo del campo
de detención de Pisagua
en la época de vigencia de la Ley
de Defensa Permanente de la Democracia. Viajó a Ecuador
en una misión militar que tenía por objetivo organizar la Academia
de Guerra de aquel país. Al volver a Chile, después de tres años
de permanencia, Ecuador entregó al mayor Pinochet y los demás
integrantes de la misión la condecoración Abdón Calderón.
Tras una destacada
carrera en el arma de Infantería del Ejército, alcanzó el grado
de general de Brigada y se desempeñó como comandante en jefe
de la Sexta División. En 1970
fue promovido a general de División.
Pinochet, Prats y
Allende
Tras el asesinato
del comandante René
Schneider por sectores vinculados a la CIA
estadounidense,
el general Carlos
Prats fue designado al mando de la comandancia en jefe del Ejército.
Con Carlos
Prats, Pinochet llegaría a establecer una relación muy cercana.
Prats le consideraba un soldado ciento por ciento, apolítico y
profesional, por lo que fue uno de sus más cercanos colaboradores,
siendo considerado por varios generales como el segundo de Prats.
La oposición al
gobierno de la Unidad
Popular, más los propios desaciertos de éste, condujeron a una
extrema polarización política de la sociedad, también dada por el
auge del comunismo de la época, llegando a su punto culminante en 1973.
Prats apoyaba la legalidad constitucional, y por lo tanto sostenía
al gobierno de Salvador
Allende. Pero esa opinión no era compartida por muchos
militares, desarrollándose el 29
de junio el llamado «tanquetazo»,
protagonizado por el Regimiento Blindado N° 2, al mando del coronel
Roberto Souper. Éste intento de sublevación fue sofocado por Prats
y sus generales más cercanos, Pickering, Sepúlveda y Pinochet.
El 21
de agosto una manifestación de esposas de generales se inició
frente a la casa del general Prats, a la que llegaron también
varios oficiales de civil a protestar contra él. Fue insultado y
apedreado, y al deshacer la manifestación Carabineros, ésta se
volvió a organizar. Llegaron al lugar Pinochet, Allende y sus
ministros. Todos fueron abucheados. Deprimido y desilusionado, Prats
pidió, primero por intermedio de Pinochet, luego directamente, que
los generales reafirmen su lealtad hacia él; como sólo unos pocos
lo hicieron, resolvió renunciar a la comandancia en jefe.
Para su sucesión,
el comandante le recomendó al presidente a Pinochet, decisión que
fue aceptada por el mandatario.
Para ese entonces,
las medidas del gobierno de la Unidad Popular había provocado la
polarización del país en partidarios y opositores, siendo
declarado el «grave quebrantamiento del orden constitucional y
legal de la República» por el acuerdo
de la Cámara de Diputados del 22 de agosto de 1973
El día 23,
a las 17:00 h, se reunieron Allende, Prats y Pinochet en el Palacio
de la Moneda. Al finalizar ésta, Pinochet fue nombrado comandante
en jefe.
Para esa fecha,
varios miembros de las Fuerzas Armadas preparaban un golpe
de Estado. Los líderes del movimiento eran el comandante de la
Fuerza Aérea Gustavo
Leigh y el vicealmirante José
Toribio Merino, este último amigo de la infancia de Pinochet.
Además contaban con el apoyo de la CIA y el gobierno de Richard
Nixon.
El golpe tenía
como base los planes de contrainsurgencia, para el caso de
que una subversión sobrepasase a las fuerzas de orden (Carabineros).
Este plan consistía en que el país estaba dividido en diferentes
secciones, y para cada una se establecía un plan para actuar contra
la posible insurgencia. Este plan sería la base prima para los
golpistas, que sólo tuvieron que adaptarlo a las nuevas
circunstancias.
El problema central
en el momento era el Ejército, pues si bien la mayoría de los
generales prestaban su apoyo, el tanquetazo demostró que era
necesario el apoyo del comandante en jefe del ejército, y nadie sabía
con certeza cuál era el pensamiento de Pinochet, pues jamás se le
había visto inclinación política (excepto el tradicional
anticomunismo).
El 7
de septiembre los generales fijaron la fecha del golpe el 11
de septiembre a las 6:30 en Valparaíso
(8:30 en el resto del país).
Al día siguiente
fue enviado el general Arellano para hablar con Pinochet, quien al
enterarse de la situación manifestó su descontento con el Gobierno,
mas no declaró su apoyo al golpe.
La mañana
del 9
de septiembre Allende se reunió con el comandante en jefe y
otros generales. Allí les explicó que pretendía anunciar un
plebiscito para salir de la situación.
Fue la última vez
que se vieron los dos protagonistas del golpe. Ése mismo día,
Pinochet se reunió con Leigh, el contralmirante Sergio Huidobro y
el capitán de navío Ariel González para averiguar la posición
del ejército. Finalmente, el en un principio vacilante Pinochet se
sumó al complot.
El 11 de
septiembre
El día 10
Pinochet mandó a su esposa y a sus hijos más pequeños a la
Escuela de Alta Montaña, en Río Blanco, Los Andes, dirigida
por uno de sus amigos.
Al día siguiente
Pinochet llegó a las 7:40 al Comando de Telecomunicaciones del Ejército,
en el que se mantuvo durante el resto del golpe. Allí se
organizaron las redes de comunicaciones con las demás ramas de las
Fuerzas Armadas, especialmente con Leigh, que se encuentra en la
Academia de Guerra Aérea, y con Patricio
Carvajal, que fue el coordinador de todo el golpe.
Durante el
acontecimiento, Pinochet, que se mantuvo en contacto radial con
Carvajal, se mostró autoritario. Tanto Leigh como Carvajal pretendían
apresar a Allende, pero la intención de Pinochet era desterrarlo de
inmediato. No aceptó retrasos ni dilataciones. Sin embargo, retrasó
el bombardeo a la Moneda para sacar a las mujeres, en contra de lo
que deseaba el general Leigh.
Tras horas de
enfrentamientos y bombardeos, la Moneda fue finalmente asaltada y
ocupada por el Ejército. En el interior del palacio, Allende se
suicidó con el fusil AK-47
que le regaló Fidel
Castro.
A las 18, los
comandantes en jefe de las Fuerzas Armadas y de Orden se reunieron
por primera vez en la Escuela Miltar para realizar el juramento que
dio inicio a 17 años de régimen dictatorial militar.
Dictadura
Pinochet, en su
calidad de presidente de la Junta Militar de Gobierno (formada por
él mismo en calidad de comandante en jefe del Ejército; el
almirante José
Toribio Merino, comandante en jefe de la Armada; por el general Gustavo
Leigh, comandante en jefe de la Fuerza Aérea y por el director
general de Carabineros César
Mendoza) asumió el poder. A partir de órdenes dictadas a través
de cadena nacional de radio y televisión proscribió los partidos
políticos, disolvió el Congreso, restringió los derechos civiles
y políticos y ordenó la detención de los máximos líderes de la Unidad
Popular, declarándola ilegal. Pinochet fue nombrado presidente
de la República por los demás integrantes de la Junta de Gobierno
el 17
de diciembre de 1974.
A diferencia de la
mayor parte de las naciones latinoamericanas, antes del golpe de
estado de 1973 Chile había tenido una larga tradición de civilidad
democrática y apego al estado de Derecho. Las intervenciones
militares en asuntos de política eran muy escasas (por ejemplo, el
llamado «ruido
de sables» de 1924),
pero de todos modos existentes. Se podría decir que las Fuerzas
Armadas, hasta esa fecha, actuaron con debida obediencia, y no
deliberantes.
La oposición al
gobierno se iba haciendo cada vez más notoria, y junto con la
voluntad y apoyo financiero de Estados Unidos, se buscó en los
militares una salida a los problemas causados por las políticas
socio-económicas del gobierno de Allende, cuyo plan de Gobierno
incluía medidas de redistribución de bienes y servicios, que no
convenían a los intereses de dichos grupos, y que además lograron
desabastecer al país. Allende había triunfado con el 36% de los
votos frente al casi 35% del candidato de derecha Jorge
Alessandri (aunque contaría con el apoyo para su elección de
la Democracia Cristiana con el 28%, en su ratificación en el
Congreso). La política económica del gobierno de Allende, que
apuntaba hacia una planificación central, involucraba el traspaso a
manos del Estado chileno de la propiedad de muchas compañías
claves, especialmente las mineras, de capitales estadounidenses. La
respuesta del gobierno de Pinochet fue promover el desarrollo de un
mercado menos protegido, según sus propias palabras «para
hacer a Chile no una nación de proletarios, sino una nación de
empresarios».
La violencia del
golpe continuó durante el gobierno de Pinochet, admirador del
dictador español
Francisco
Franco (a cuyo entierro asistió en noviembre
de 1975).
Una vez que alcanzó el poder, los partidarios del gobierno
derrocado fueron brutalmente perseguidos como «enemigos del
Estado». Se introdujo como política de Estado la detención,
tortura, asesinato, desaparición o exilio de quienes se hubiesen
involucrado con el gobierno anterior, configurando el concepto de
«terrorismo
de Estado». La Comisión
de Verdad y Reconciliación (conocida también como Comisión
Rettig) mencionó 2.095 muertos y 1.102 «detenidos
desaparecidos». Se estimuló la xenofobia
para evitar ayuda exterior a los movimientos subversivos. La tortura
fue también una herramienta común usada para combatir a los no
partidarios del nuevo gobierno, como queda consigando en el Informe
Valech sobre Prisión Política y Tortura (2005).
Cientos de miles de chilenos abandonaron el país para escapar del régimen.
En 1994
todavía permanecían en el exterior sobre 700.000 personas según
la Oficina Nacional del Retorno.
La policía
secreta, la Dirección
de Inteligencia Nacional (DINA) (1974-77),
fue otra de las herramientas de la dictadura. Fueron asesinados el
general Prats el 30
de septiembre de 1974
en Buenos
Aires y el ministro de Relaciones Exteriores del gobierno de
Allende Orlando
Letelier, el 21
de septiembre de 1976
en Washington,
agriando las relaciones con el presidente estadounidense
Jimmy
Carter. También se organizó la conocida como operación
Cóndor, un plan para la cooperación mutua entre organismos de
espionaje de diferentes dictaduras militares de Latinoamérica,
para de esta forma continuar persiguiendo y asesinando a exiliados
en Argentina
o Paraguay.
Paralelamente a la
represión política, existieron profundas reformas económicas cuyo
inicial éxito llevó a hablar de un «milagro
económico chileno», eliminándose el grave problema de la
hiperinflación.
Para formular su política de estabilización económica, Pinochet
confió en los llamados Chicago
boys, economistas neoliberales
con postgrados en la Universidad
de Chicago, fuertemente influenciados por las políticas
monetarias de Milton
Friedman. Se aplicó el shock que consistía en reducir
el gasto publico en un 20%, despedir al 30% de los empleados públicos,
aumentar el IVA
(impuesto a la transferencia comercial de bienes muebles y activos
M1 y M2), privatizar la mayor parte de las empresas estatales (la
mayoría a precios ínfimos) y liquidar los sistemas de ahorro y de
préstamos de vivienda. Los efectos iniciales fueron terribles: cayó
el PGB
en un 12%, la tasa de desempleo creció hasta al 16% y el valor de
las exportaciones se redujo en un 40%. Pero el sistema se empezó a
afianzar a partir de 1977, iniciándose lo que se ha llamado el boom,
con cifras positivas en todos los ámbitos. Uno de los indicadores más
simbólicos, el precio del dólar, fue establecido a tasa de cambio
fija, en 39 pesos, y se mantuvo estable hasta iniciada la década de
1980. Una excepción a esta bonanza fue la tasa de desempleo,
siempre alta (alrededor del 20%) debido principalmente a los
despidos masivos en las empresas privatizadas. Una de sus
consecuencias fue un brusco deterioro social, las clases medias y
bajas se empobrecieron tras un progresivo descenso de su poder
adquisitivo, lo que provocaria una gran brecha en la disitribución
del ingreso que se mantiene hasta el dia de hoy.
En 1977, la DINA
fue disuelta y se creó la Central Nacional de Inteligencia (CNI),
para reemplazarla en sus funciones. Su primer director fue el
general Odlanier Mena. El actuar de la CNI como organismo represivo
fue notoriamente menos violento, aún cuando agentes suyos figuran
involucrados en casos emblemáticos, como el asesinato del líder
sindical, y presidente de la ANEF (Asociación Nacional de Empleados
Fiscales), Tucapel Jiménez, en 1982.
En los años
1980, con el rápido deterioro de la economía (uno de los
pilares del Régimen Militar), se sucedieron constantes protestas y
manifestaciones organizadas por la oposición y movimientos
laborales, provocando violentas contrarreacciones de las fuerzas de
seguridad.
El 21
de octubre de 1980,
tras un plebiscito
realizado un mes antes, que fue apoyado por el 67% de la población
(según cifras del Gobierno) se aprobó una nueva Constitución
elaborada por una Comisión nombrada por la misma Junta de Gobierno.
Éste plebiscito fue bastante cuestionado, tanto por sus opositores
como por la comunidad internacional, bajo acusaciones de fraude
electoral y violar principios básicos de cualquier elección democrática
(voto libre, informado y secreto). Entre las disposiciones
transitorias de la nueva carta fundamental, se estableció el período
presidencial de Pinochet por ocho años, a partir del 11
de marzo del año
siguiente.
En 1982
se produjo la mayor crisis económica desde los años
1930, consecuencia en parte de la recesión mundial de 1980 (de
la cual Chile estaba desprotegido por su excesiva dependencia del
mercado externo), el excesivo endeudamiento privado y la fijación
del dólar a 39 pesos. Uno de los primeros síntomas fue la quiebra
del sistema bancario y financiero nacional, que obligó al Gobierno
a intervenir numerosos bancos. Simultáneamente, se tomó la decisión
de devaluar el dólar, el cual, una semana más tarde, alcanzaba al
doble de su valor.
Ante la llegada de
la crisis, Pinochet abandonó las tesis de los Chicago Boys,
regresando momentáneamente al keynesianismo.
Sin embargo, pasada la parte más cruda de la crisis, volvió al
sistema neoliberal con el nuevo ministro de Hacienda, Hernán
Büchi en 1985,
el cual, con reformas menos ortodoxas que sus predecesores, lograría
revitalizar la economía. Esto es nombrado como el «segundo
milagro de Chile».
Para conseguir la
reactivación, Büchi tomó las siguientes medidas:
-
Fuerte reducción
del gasto en el sector público, con medidas como rebajar el
gasto social y las jubilaciones.
-
Política de
devaluación del peso en función del dólar
muy fuerte, que sobrepasasen la inflación. De esta manera, con
el dólar alto, se favorecían las exportaciones y se restringían
las importaciones.
-
Privatizaciones
de las empresas que seguían siendo estatales: empresas del
acero (CAP), eléctricas (Enersis, Endesa), comunicaciones (Entel,
CTC), azúcar (IANSA), LAN Chile, Laboratorios Chile, etc.
-
Privatización
de los bancos intervenidos por el gobierno durante la crisis.
-
Control de las
tasas de interés por el Banco Central y ya no por el mercado.
-
Descenso
controlado de los aranceles.
El resultado de su
gestión fue el retorno al liberalismo económico que implantaron
los Chicago Boys, pero de una forma mucho más controlada sin
el dogmatismo que le imprimieron sus antecesores, y un crecimiento
económico sorprendente que llevaría a Chile a duplicar su PGB en
el lapso de diez años.
El 11
de mayo de 1983,
la Confederación
de Trabajadores del Cobre (CTC) presidió la primera protesta
nacional, y el 22
de agosto se organizó el primer frente de oposición
multipartidista que englobaba a todo un arco político a excepción
de los extremos, la Alianza
Democrática.
En 1985
la oposición democrática adoptó el Acuerdo
Nacional para la Transición de la Plena Democracia. En septiembre
de 1986
Pinochet fue víctima de un frustrado intento de asesinato,
el que fue adjudicado al Frente
Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR), ideológicamente ligado al
proscrito Partido
Comunista de Chile. Pinochet sólo sufrió heridas leves, pero
fallecieron cinco guardaespaldas y cuatro resultaron gravemente
heridos en el atentado. El paradero de los supuestos implicados en
el acto es, hasta hoy, desconocido, aunque se presume que emigraron
a Argentina
como turistas.
En represalia, las
fuerzas de seguridad asesinaron a 4 opositores esa misma madrugada.
La respuesta del Gobierno concluyó con la llamada «operación
Albania» (también conocida como la «matanza de
Corpus Christi») en 1987,
donde fueron asesinados 12 miembros del FPMR.
El plebiscito
De acuerdo a las
disposiciones transitorias de la Constitución de 1980, un plebiscito
debía ser llevado a cabo en 1988
para aprobar o rechazar al candidato que el Régimen Militar
propusiera al país.
Según el
articulado transitorio de la Constitución, para este plebiscito no
existiría control por parte del Tribunal Calificador de Elecciones
(Tricel), organismo estatal independiente. De este modo, sería el
mismo gobierno el que propondría un candidato, organizaría el
plebiscito y controlaría los escrutinios. Por lo tanto, se hacía
infructuoso cualquier intento de derrotar al candidato gubernamental.
Sin embargo, contra todas las expectativas, el Tribunal
Constitucional, en ese entonces afín a Pinochet, constató una
contradicción entre el articulado transitorio, ya descrito, y el
permanente, que sostiene que una elección presidencial debe ser
controlada por el Tricel. El Tribunal consideró que el plebiscito
era equivalente a una elección presidencial, por lo cual no regía
la letra del articulado transitorio, sino que debía regirse por el
permanente. Ésta fue la primera derrota de Pinochet, motivada por
un cierto pudor democrático de algunos de sus partidarios, que
resultó clave, años más tarde, al realizarse el plebiscito.
Pinochet fue
oficialmente designado por la Junta Militar como candidato único a
la Presidencia para el plebiscito que se llevaría a cabo el 5
de octubre de ese año, por el que se proponía su
mantenimiento en el poder desde 1989
hasta diciembre
de 1997,
es decir, por un nuevo período de ocho años.
La apuesta de
Pinochet se basó en un control total de los medios de comunicación
y el temor de la población a manifestarse contra él. Gran parte de
su propaganda consistió en amenazar con el regreso del comunismo y
del desorden previo a la dictadura si el mismo Pinochet no vencía.
Sin embargo una oposición sorprendentemente organizada en una sola
gran coalición, la Concertación de Partidos por el NO, decidió
actuar dentro del marco legal que la Constitución le otorgaba, y
aprovechar al máximo, en forma muy inteligente, todos los espacios
disponibles para la democratización, como, por ejemplo, los escasos
minutos de televisión
que le fueron concedidos (que se conoció como la franja).
Cada noche millones de chilenos se agolpaban frente a la TV a ver
con asombro que era posible hablar en contra del férreo régimen de
Pinochet.
El 5 de octubre una
extensa red de apoderados vigiló lo que sucedía en cada mesa de
votación y los dirigentes opositores instalaron un completo sistema
de conteo de votos paralelo al oficial. A tempranas horas de la
tarde ya se sabía que Pinochet había sido derrotado pero ni el
Gobierno de Chile, a través de su vocero, Alberto Cardemil, ni Televisión
Nacional de Chile entregaron información alguna hasta la
madrugada en que finalmente el General del Aire, Fernando Matthei,
miembro de la Junta Militar (poder legislativo), reconoció la
derrota.
Los resultados
oficiales de la consulta arrojaron un 52,2% de votos a favor de la
opción No frente al 47% de la opción Sí. Durante el año,
tras un acuerdo entre la Concertación y el Gobierno, se
prebiscitaron reformas para democratizar la Constitución. Tiempo más
tarde, se llamó a la primeras elecciones democráticas desde el
golpe de Estado, el 14
de diciembre de 1989,
en las que resultó elegido el demócratacristiano
Patricio
Aylwin al frente de una amplia coalición opositora, llamada Concertación
de Partidos por la Democracia. Ese día se eligió también la
totalidad del Parlamento, disuelto al comienzo de la dictadura.
Con la atención
internacional centrada en el especial caso chileno de transición
pacífica a la democracia, Pinochet entregó la presidencia de la
nación a Aylwin
el 11
de marzo de 1990,
aunque siguió en el puesto de comandante en jefe del Ejército
hasta marzo de 1998,
fecha en la que pasó a retiro.